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Garcia y Muñoz Abogadas | Régimen de Gananciales o Separación de Bienes?
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Régimen de Gananciales o Separación de Bienes?

Cuando comienzas una relación y en un momento dado decides irte a vivir con tu pareja y quizás más tarde os planteáis dar el gran paso del sí quiero, lo último que a uno le pasa por la cabeza es el régimen económico por el que se va a regir el matrimonio.

La gente se casa o se junta, pero no piensa en este tipo de cuestiones legales, y mucho menos cuando se trata de economías modestas en las que el bien más valioso con el que cuentan es la vivienda familiar.

Sea como fuere, a veces por desconocimiento y otras porque el hablar de estas cosas de que «cada uno lo suyo» puede crear desconfianza en el otro y llevarnos a malas interpretaciones de estar mas interesados en lo material que en lo afectivo, no hacemos ni decimos nada porque lógicamente la mayoría que decide dar este paso lo hace convencido de que será para toda la vida y no piensa si le va a ir bien o mal y mucho menos en un divorcio, pues de lo contrario con tantas duda, uno no se complica la vida y se queda como esta.

Si estas en capilla como suele decirse o incluso si ya hubieras contraído matrimonio, es aconsejable que te informes de si en tu caso es conveniente o no hacer separación de bienes o permanecer en régimen de gananciales.

Todas las personas que viven en territorios distintos a Cataluña, Baleares,  Aragón, País Vasco y Navarra, cuando contraen matrimonio lo hacen bajo el régimen general de la sociedad de gananciales por lo que salvo que pacten otra cosa lo que tienen es de los dos al cincuenta por ciento y al contrario si te casas en alguna de las comunidades antes mencionadas lo harás en régimen de separación de bienes.

Te puedes preguntar ¿Y que consecuencias tiene casarse bajo un régimen u otro?

Pues depende de cómo lo miremos, en el caso de la vivienda familiar si al final te acabas divorciando y tienes hijos menores da igual el régimen económico por el que hayas optado, porque aunque sea un  bien privativo de uno de los cónyuges según el artículo 96 del Código Civil:

«En defecto de acuerdo de los cónyuges aprobado, por el juez, el uso de la vivienda familiar y de los objetos de uso ordinario, en ella corresponde a los hijos y la cónyuge en cuya compañía queden».

Es decir, que aunque esa vivienda sea exclusiva del cónyuge que se va (y que en la mayoría de los casos suele ser el hombre), el uso y disfrute, de la misma es de los hijos y del ex-cónyuge en cuya compañía queden, sin embargo, eso no va afectar en nada a la titularidad de ese bien inmueble que seguirá siendo de su legítimo dueño.

Incluso aunque la pareja no tenga hijos, puede suceder que tras el divorcio el cónyuge propietario exclusivo de la vivienda tampoco pueda disponer de ella inmediatamente, ya que en este sentido siguiendo con el artículo antes mencionado del citado texto legal:

« No habiendo hijos, podrá acordarse de que el uso de tales bienes, por el tiempo que prudencialmente se fije, corresponderá al cónyuge no titular, siempre que, atendidas las circunstancias, lo hicieran aconsejable y su interés fuera el más necesitado de protección».

«Para disponer de la vivienda y bienes indicados cuyo uso corresponda al cónyuge no titular se requerirá el consentimiento de ambas partes o, en su caso, autorización judicial».

Es decir, que si el cónyuge mas necesitado de protección no es el titular de la vivienda, por el tiempo que se considere prudente tendrás que esperar igualmente, ahora bien,  en este caso debe haber consentimiento de las dos partes o autorización del juez para ese uso temporal de la casa, teniendo en cuenta lógicamente las circunstancias de cada caso que fundamenten esa necesidad.

Por tanto, lo que ha venido sucediendo desde el año 1981 en que se aprobó la ley del divorcio en España ha sido, que en la mayoría de los casos los Juzgados de Familia han otorgado ese uso y disfrute de la vivienda familiar a los hijos menores y como en el noventa y nueve  por ciento de esos supuestos la guarda y custodia de esos menores ha venido siendo concedida a la madre, nos hemos encontrado con situaciones muy difíciles que se han ido prolongando incluso aunque los hijos alcanzaran la mayoría de edad.

Si bien en los últimos años el Tribunal Supremo ha sentado cierta jurisprudencia que de alguna manera se aleja de esos criterios seguidos tanto por los juzgados de familia como por la jurisprudencia emanada de tribunales inferiores(Audiencias Provinciales o Tribunales Superiores de Justicia), en cuanto a la interpretación del artículo 96 del Código Civil respecto al uso de la vivienda familiar tras el divorcio.

Resaltar por ello, la proliferación de sentencias sobre esta materia en las que el T.S, viene a establecer la extinción del uso y disfrute de la vivienda familiar concedido tras el divorcio cuando los hijos alcanzan la mayoría de edad aún careciendo de independencia económica(eso no quiere decir que ambos progenitores cesen en su obligación de prestar  alimentos o proporcionarles  habitación  a sus hijos) sino que  permite la posibilidad al cónyuge no custodio de promover ante el juzgado un procedimiento de modificación de medidas  para declarar que se extinga el uso y disfrute de la vivienda familiar, en los términos establecidos en el artículo 775 LEC.

Si finalmente optamos por el régimen de gananciales, la vivienda y todo lo que poseemos salvo excepciones (como la referida a algún tipo de bien privativo que habría que analizar) es de los dos al cincuenta por ciento, la nómina aunque trabaje un sólo cónyuge, la hipoteca, las deudas y las ganancias son de los dos y para vender y comprar algo es necesario el consentimiento de los dos,  (con la separación de bienes esto no sería así),  si bien, aunque las   deudas sean  responsabilidad de cada cónyuge si se contrajera  alguna   obligación para atender ciertas necesidades ordinarias de la familia podría responder el cónyuge no deudor.

Que sucede en el caso de las Parejas de Hecho?.

Estas parejas tienen cada uno sus derechos y obligaciones particulares por lo que deberán establecer pactos de cómo gestionar sus intereses durante la convivencia, acudiendo al notario o bien, inscribirlo en el Registro de Parejas de Hecho donde tengan su residencia, ya que a falta de este pacto en caso de ruptura cada cual tendrá que acreditar sus propios derechos sobre los bienes que forman el patrimonio común de ambos, debiendo tener en cuenta que si la pareja compra conjuntamente una vivienda en la que después sólo uno de ellos figura como titular, esa persona se va a encontrar con un problema que tendrá que solucionar en los tribunales para poder demostrar su condición de copropietario.

Así las cosas, ya decidas optar por un régimen u otro , puedes hacerlo tanto antes como  después de celebrado el matrimonio, acudiendo ambos al notario. Sin embargo,  siempre resultará más complicado  y costoso hacerlo  una vez casados, entre otras cosas,  porque se tiene que  disolver y    liquidar la sociedad de gananciales existente  y una vez adjudicados los bienes que a cada cual corresponda, cambiar la titularidad en el caso de los inmuebles,  la inscripción en el Registro correspondiente, y pagar lo propio en relación con el impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, con las exenciones que la ley establezca.

Para que cualquiera de  las capitulaciones que hagamos  sean válidas habrán de constar en escritura pública tal como establece el artículo 1327 del Código Civil, y  después inscribirlas en el Registro Civil del lugar donde se hubiere  inscrito el matrimonio.

Es importante dejar claro  que si no hicimos en su momento ningún tipo de pacto y pasados unos años vemos nuestra relación muy bien consolidada y nos  embarcamos  en algún tipo de negocio que después no fue todo lo bien que se esperaba no evitaremos el pago de las deudas que tengamos pendientes por modificar el régimen económico  de gananciales a separación de bienes, porque el Código Civil en su artículo 1317 ya nos advierte:

 La modificación del régimen económico matrimonial realizado durante el matrimonio no perjudicará en ningún caso los derechos ya adquiridos por terceros”.

Quiere esto decir, que si uno de los  cónyuges contrae  algún tipo de deuda y por ello acuerdan  hacer  esta modificación pensando que con ello podrá  eludirse  esa  responsabilidad de pago al acreedor, nada más lejos de la realidad, habida cuenta de  que podría incurrir no sólo en un delito de fraude de ley con la  posibilidad de revocar civilmente las actuaciones realizadas sino que  además puedes encontrarte frente  a una denuncia penal por alzamiento de bienes conforme a lo establecido en el artículo 257 y ss., del Código  Penal.

Lo aconsejable es acudir al abogado para asesorarse de la conveniencia o no del otorgamiento de capitulaciones y del texto que puede contener, ya que todo  hay que analizarlo en función del régimen económico, existencia o no de hijos, situación económica, si hay o no hipoteca, si la vivienda es de ambos o de uno solo, como se compró etc… En García y Muñoz Abogadas podemos ayudarte sin compromiso alguno previa cita.

 

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